Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


martes, 24 de diciembre de 2013

Noche de paz

Los nervios no me dejaron seguir durmiendo. Eso y el que ayer no hice la gran cosa y me la pasé tirada en mi cama en la compu y viendo tv.

A mí me encanta la Navidad. Desde niñita me ponía nerviosa y contaba los días para la gran celebración. Mi mamá cortando el pavo, el número de teatro que montaba con mi hermana y mi prima, los regalos que estaba a punto de recibir, el ambiente festivo, las risas... Navidad es mi fecha favorita del año.

Y este año no es la excepción.

Por dentro tengo el corazón revuelto por muchas razones, pero veo con optimismo y esperanza (Algo que no recordaba dónde había dejado) lo que está por venir. Quiero creer que será mejor. Ser positiva y mostrar una sonrisa es una decisión. Mis propósitos para el próximo año son dejar el drama, esforzarme y mantenerme así, fuerte, decidida, positiva, demostrando quién soy y lo que soy capaz de hacer.

Este año ha estado lleno de pruebas. Me he agotado, he llorado como no recuerdo haberlo hecho nunca en mi vida. Pero yo decido cómo sentirme, eso es algo que aprendí en el tratamiento. Porque yo decido la perspectiva con la que veo la vida. Lo cual me remonta a este texto que recogí de mi facebook, lo escribió una conocida y me llegó al corazón porque es así como me siento:

Sillas vacías.....
Se acercan las Fiestas y empiezan los preparativos: los regalos, la decoración, el menú de la cena, el lugar donde reunirse... Y aparece la pregunta inevitable: "¿Cuántos somos el 24?". Y en la respuesta, aparecen, implícitamente, las "sillas vacías", las personas que no están... La persona que está lejos, la que la vida llevó por otro camino, la que eligió no estar, la que se enemistó, la que se llevó la muerte... Y aparece la tristeza. Y las "sillas vacías" duelen. Y necesito ese abrazo contenedor y prolongado que no va a llegar... Y extraño tu sonrisa...Y los ojos se llenan de lágrimas... Y duele... Pero es la realidad. Y a la realidad hay que aceptarla... Entonces suspiro hondo y giro la cabeza. Y veo las "sillas ocupadas". Son las personas que me aman. Y sonrío. Así es parte de la vida: pérdidas y ganancias... Así voy a brindar el 24, con lágrimas contenidas por las "sillas vacías", y sonriendo desde el alma por las "sillas ...ocupadas"... Feliz. Sí, feliz a pesar de la tristeza. Porque ser feliz no es necesariamente estar alegre. La alegría es una emoción pasajera que termina cuando el buen momento finaliza. La felicidad es otra cosa. Es un estado del alma. Ser feliz es estar en paz. En paz sabiendo que estoy recorriendo el camino correcto, el que coincide con el sentido de mi vida, el de mis errores y triunfos, con mis miedos y mi coraje... Mi camino, el que yo elegí. Un camino en el que hice todo lo que pude, y más... por los que no están, a los que me brindé incondicionalmente...y a los que amé...

Tengo muchas razones para quejarme y seguir deprimida. No sé cuántas veces debo haber pensado así, pero también tengo muchas razones por las cuales sonreír. Siempre se me olvida. Este blog es una muestra de lo mucho que me cuestan las cosas que a una persona normal se le hacen naturales. Sí, pues, tengo razones de peso para que se me haga difícil. Sin embargo, soy fuerte. Lo peor que me podía pasar ya me ha pasado. He perdido el amor de mi padre, el de mi pareja, el de mis hermanos, el de mi madre, el mío propio. Y he renacido como un fénix, a pesar de todo. Porque dentro de mí sigue de pie esa piedra gigante llamada voluntad que me recuerda que no todo está perdido. Dejar ir a los que amé es lo más difícil de todo lo que debo hacer. Pero es necesario. Y dejar ir implica perdonar. Tengo mucho que perdonar a muchas personas que han dejado sus sillas vacías. Pero sobretodo, tengo mucho que perdonarme a mí misma por hacerme daño pensando en ellos y por limitarme creyendo que no merezco ser feliz, que mi vida está predestinada al fracaso y la soledad, y que no tiene sentido esforzarme. Mi corazón piensa en aquellos que no compartirán conmigo este 24, pero evita mirar a mi lado enfermo, esa niña ignorante, inflexible e impositiva que hace berrinche para apoderarse de mis acciones. He ahí a la verdadera causa de mis problemas, y he ahí a quien realmente tengo que perdonar.

Sin embargo, si bien estoy en proceso de perdonar para empezar el nuevo año con el corazón limpio, ello no va a significar que olvide. Porque en olvidar estaría mi error. Cada experiencia que he ido acumulando, y que pareciera que se multiplicó este año, me sirve para no repetir mis errores y no pisar el palito de otras personas que quizás tengan malas intenciones. Me hace más fuerte, más inteligente. 

Pequeña Cristal, te has equivocado: confiaste de más, te autolimitaste, te dejaste convencer de que valías poco, te subyugaste a la voluntad de otros, te dejaste vencer, te empecinaste en atesorar lo que ya no tenías... Ahora toca dejar ir para poder empezar una nueva etapa con el pie derecho. Ahora toca aceptar el error y mirar con madurez que no por equivocarte eres despreciable. Ahora toca tener amor propio y perdonarte con toda la ternura del mundo, sabiendo que vas a volver a errar y que estarás fuerte para volver a perdonarte. Y perdonar a quienes te rodean.

Es así como quiero comenzar este nuevo año, que más que cambio de dígitos, quiero que signifique para mí el dejar atrás ese lastre que he llevado conmigo este año, qué va, estos 25 años, para poder comenzar sin cargas una nueva etapa en la que me llene de nuevos retos. 

Perdonando a mi familia, a mis amores, a mis amigos, a mis conocidos, pero sobretodo, perdonándome a mí misma y comprendiendo que tengo capacidades y limitaciones, es como realmente lograré sentir esa paz que tanto anhelo y que es el único regalo que le pido a la vida: mantenerme sintiéndome plenamente viva, capaz de superarlo todo, en paz conmigo misma. Sabiendo que hago lo correcto, que sigo mi voluntad y la de nadie más, que me cuido y me fortalezco, que me esfuerzo y logro todo lo que está dentro de mi capacidad, y sintiéndome orgullosa y tranquila porque sé que hice las cosas lo mejor que pude. Viéndome y sintiéndome tal y como soy.

ESA soy yo.

Feliz Navidad a todos.




1 comentario:

María Jesús dijo...

hola te leo, hace mucho. me ayudas.