Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


lunes, 4 de marzo de 2013

El punto de quiebre

Estoy aprovechando que mi mamá está con uno de sus pacientes para escribir desde su computadora.
Ya ni tengo plata para irme a una cabina de internet. Pero está bien. Sé que pronto conseguiré algo. Sólo tengo que moverme.

¿Qué, no lo conté?

Ah, no, pues, verdad; me quedé a mediados de enero, cuando trabajaba de recepcionista-secretaria de mi psicóloga.

En Febrero me han pasado muchas cosas.

Me despidió a principios de febrero. Para no hacerla larga, se me acumularon cosas (Con Laro, con la comida, con mi familia) y entré en crisis improductiva. Me tuvieron un día durmiendo en la oficina, y al día siguiente no fui así que me despidió argumentando que "necesitan a una persona estable". Me pagaron poco por el tiempo de servicio. Menos de lo que esperaba, Pero tampoco puedo esperar más cuando se trata de cosas no muy concisas.

Al día siguiente de mi despido (Por lo cual  entré en depresión y Laro me llevó al "parque de la superación", que es un lugar donde tuvimos una conversación importante en la que me di cuenta de que me estaba rindiendo y eso no está permitido), Laro tuvo una reunión con sus socios de la empresa y me dio la noticia de que debo casi 1000 soles (Dividir entre 2.55 para saber el valor en dólares). Mi cabeza diciendo "él, mi pareja, la persona que más amo, sabiendo la situación en la que estoy y diciéndome que debo dinero. Como si me lo hubiera robado". De nuevo, crisis emocional. Así que luego de que me explicara bien su punto de vista y yo lo comprendiera y me tranquilizara, me pasé los días webeando. Dizque "dándome mi espacio" y "concentrándome en mejorar" xq no tenia control sobre mis emociones y estaba reaccionando muy fuerte ante estímulos pequeños. Lo llaman estrés, comúnmente.

Disfruté, sí: me fui de paseo al sur, vi un par de películas y me leí toda la saga Millenium y Los Juegos del Hambre, que había estado postergando por falta de tiempo. Dormí lo que mi cuerpo me pidió, tuve mis clases (monótonas) de teatro y salí con Laro.

Todo estaba "bien". "Estable".

Excepto porque, al parecer, no lo estaba.

Un fin de semana Laro me dijo para ir a bailar solo con sus amigos al sur. Yo soy celosa, pero no posesiva, así que le dije que normal. Pero él me preguntó que si pasaba algo si besaba a otra chica. Como que temiendo llegar a hacerlo. Porque claro, si está solo y hay chicas bonitas, y hace dos años que no prueba nada nuevo ni siente esos nervios de intimidar con alguien nuevo... Yo comprendo eso. Pero una cosa es pensarlo y otra hacerlo. Se lo dije, y me dijo que no lo iba a hacer.

Sin embargo, toda esa noche y el día siguiente me la pasé masacrándome con pensamientos horribles, y llegué a la conclusión de que si realmente estaba preocupado por no saber si iba a poder portarse bien, era porque había algo en la relación que no estaba funcionando. Y que quizás lo mejor era dejarlo experimentar para que de una vez se saque la espina, de forma de que esté seguro de que me quiere. Nunca me pasó por la cabeza dudar de mis sentimientos hacia él. Así que cuando regresó lo confronté y me dijo que, efectivamente, estaba teniendo dudas de si seguir porque estaba deseando lo otro, pero que prefería seguir conmigo para no perderme. Eso me tranquilizó un poco. Pero al día siguiente salió con lo mismo y ahí sí que me di cuenta de que lo estaba perdiendo. No decidimos separarnos, porque justo esa semana era crucial ya que era el cumpleaños de mi hermana, el concierto cuyas entradas le regalé por los dos años, y el viaje a Punta Sal que él había ganado y para el cual habíamos estado esperando mucho tiempo. Así que con la esperanza de que las cosas se afianzaran en el viaje, nos fuimos, y la verdad, la pasé bien. Aunque hubieron momentos en los que deseé estar sola (sola de solitaria, no acompañada).

Hemos regresado no hace ni 5 días. En Punta Sal me di cuenta de que las cosas estaban enrarecidas, por ambas partes, no sólo él. Me daba miedo aceptarlo, pero yo no sentía el mismo magnetismo que antes cuando estaba a su costado o tocaba su piel. Me seguían emocionando sus besos y sus gestos y seguía siendo el niño hermoso que amaba. Pero también era alguien nuevo y excesivamente exigente conmigo, dándome órdenes/consejos/deberías para mejorar. Como si fuera un papá. Sabía también que él no estaba cómodo porque lo veía esforzarse por quererme, llevar la fiesta en paz y por estar contento. Y yo no quiero estar junto a una persona que piensa en otras cosas y no me disfruta al 100%, y que se queja o se fastidia por cómo vivo, por las cosas que hace u omite mi disfuncional familia y por mi actitud lenta y pasiva. Yo sabía que lo estaba cargando. Que estaba empezado a ser una valla para él, en vez del camino que había decidido tomar porque a pesar de todo me quería consigo.

Así que hoy en la madrugada le propuse darnos un tiempo solos. Tanto por él como por mí.

Hace casi un mes yo habría tomado esto como el fin de mi vida. En la semana del cumpleaños de mi hermana lloré y dormí mal adelantándome a este momento. Hoy tampoco ha sido un shiny day porque cada cosa que pensaba, hacía o pasaba, me recordaba a él. Tenía un nudo en la garganta que me impedía tragar el desayuno así que he comido pocos sólidos hoy, lo cual, sé, está mal.

Porque mi idea de esta separación indefinida es ponerme bien. Por mí. Por quererme de nuevo, y sin tener elementos distractores en el proceso. Algo que hacía tiempo pensé hacer pero a modo de autoboicot porque en ese momento las cosas no estaban mal (Creo). Cuando hablé con mi ex-psicóloga antes de que me contratara, yo le dije "quiero que este sea mi año. Quiero sentirme realizada, hacer lo que quiero hacer, lograr algunas metas más reales y sentirme contenta conmigo misma". He logrado ordenarme bastante con la comida y comer variado y en los momentos que debo. Pero aún no logro convertirme en la persona que quiero ser, ni ordenar mi vida, que ahorita está como mi escritorio: toda revuelta.

Y él... no quiero pensar que va a volver. Yo siento esta situación como un final. Mi corazón lo lee así. Sólo espero que no me haga sufrir mucho más, y que se aclare y encuentre lo que quiere... y se realice, y sea feliz, mucho mucho, porque se lo merece porque es una persona grandiosa. Lo que siento por él no ha cambiado más que con el componente de rareza que mencioné y el miedo de estar consiguiendo de él parte de lo que deseaba conseguir de mi padre, y si sufro es porque pienso en todas las cosas que soñamos juntos y que, probablemente, no vayan a suceder. Como mudarnos juntos y tener hijos, yo cuidarlo cuando (ojalá que no) tenga Alzheimer y él engreírme y llevarme de viaje a conocer el mundo, siendo dulce y mirándome con el mismo brillo de sus ojos, tomándome de la mano y acurrucándose en mí, sabiendo que esta seguro y que me ama. No quiero pensar si será o no, aunque hoy no hace más que causarme angustia y mucha tristeza. así que me esforzaré, a mi ritmo leeeento, a pasar la página, no esperar nada en especial, y seguir adelante. Quién sabe lo que puede pasar. Si vuelve, o si no. Si yo vuelvo a desear tenerlo conmigo y si decido que sola estoy mejor. Si encuentro a alguien mejor o si me doy cuenta de que a pesar de las cosas, sí era él con quien debo estar. Por el momento, es con quien he decidido estar. Pero a veces el amor no es suficiente para mantener una relación estable.

Mi parte enferma me dice que estoy más sola y no tengo nada. No, pues: No tengo papá, mi mamá es ausente también e irresponsable, no tengo estudios, no tengo trabajo, no tengo un grupo de amigos (En parte por mi culpa, por concentrarme en encajar en el de él)... Pero con lo que no había contado, y es algo que me he propuesto a fortalecer, es que me tengo a mí. Y si me tengo a mí, no me falta nada. Porque no hay peor enemigo ni mejor aliado que una misma.

Así que sólo me queda recoger mis cenizas y pedacitos y volver a pegarlos con la goma que sé que tengo. Porque si tengo alguna virtud, y muy grande, es la de ser valiente. Me he enfrentado a muchas cosas que me daban miedo y sigo haciéndolo, a pesar de la tristeza, depresión y temor. Y seguiré haciéndolo, porque soy valiosa por eso. No conozco a nadie tan aguerrido como yo (Exceptuando a mi mamá... sólo que ella nunca tuvo depresión y de hecho ahora está trastornada, viviendo en un mundo celestial y siendo poco eficiente en el mundo real).

Así que me olvidaré de tumbarme sobre la basura; me repondré, conseguiré trabajo, idearé una estrategia para actuar en el futuro más realista, y recibiré con los brazos abiertos lo que me traiga la vida. Que sé que será lo correcto y adecuado para mí. Porque tengo Fe en que la vida puede ser buena, ya lo fue conmigo cuando me lo trajo a mi lado.

1 comentario:

Pecas dijo...

Hola, sabes siempre espero leerte. Yo no volví a utilizar mi blog. No logro expresar lo que siento en palabras. Me cuesta mucho. Personalmente no estoy en un buen momento y créeme que te comprendo en parte cuando mencionas lo de la depresión. Yo sé que va a sonar raro o a cliché, pero sabes que por acá hay alguien que puede escucharte o leerle o todo junto o nada. Espero que todo esté mejor. Un abrazo

Saludos, Peca.