Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


lunes, 13 de junio de 2011

Síndrome de abstinencia




La parte más difícil de la recuperación es mantenerse.

Lo puedo decir tranquilamente, porque creo que es la verdad.

Es difícil. Mucho. Sobre todo en días como hoy (y muchos otros antes, y seguro también después) en los que no me dan ganas de comer lo que hay en casa, y por otro lado temo comer cualquier otra cosa.

No puedo decir que estoy 100% bien, siempre quedan consecuencias tanto físicas como mentales. El otro día se me volvió a desestabilizar la glucosa y casi me desmayo, y hoy me han venido pensamientos muy molestosos.

Verán, es bastante contradictorio. Y creo que muchas lo deben haber pasado.

Me fastidia que comer sea una necesidad, algo que tenga que hacer varias veces al día, todos los días, durante el resto de mis días. ¿Por qué tiene que existir el hambre? ¿Por qué el cuerpo tiene que necesitar comer para seguir vivo? A veces me dan muchas ganas de anular esa “biologicidad” de mi ser, y es cuando me creo sobrehumana y capaz de vivir del aire y cualquier cosa que me haga menos humana. El hambre duele, no me gusta sufrir, sufrir es sentir, sentir es de humanos, mejor me anulo. Y sólo siento cuando se trata de sensaciones corporales de debilidad. Eso me hacía sentir más viva.  

También me enviciaba jugar con mi azúcar. Tengo una gran manía con los dulces. Ahora muchísimo menor que antes, yo percibo que mi consumo es mucho menor. Prefiero la comida casera a un paquete de galletas o un chocolate. El gran problema es que en mi casa la comida casera no es lo que más abunda, por lo que termino no comiendo bien, y  como al rato me da hambre, termino comiendo basura.

Hoy he hecho fastidio. Desayuné tarde, almorcé un poco temprano, pero la comida estaba fea y no me satisfizo. Eso hizo que en el camino a la universidad me sintiera mal. Me fastidia comer mal. Porque si como mal, termino comiendo fuera de mi régimen, y eso me genera culpa. Y luego, para colmo, empiezo a cuestionar mi imagen y me pregunto si estaré haciendo lo correcto.

A veces me dan ganas de volver a ayunar, o a vomitar, y volver a estar envuelta en esa nube de adormecimiento con la que evadía mis responsabilidades. ¡Ay, esa sensación de modorra y de debilidad tan enviciantes! Me declaro adicta a las sensaciones corporales a las que he estado tan acostumbrada. Me declaro adicta al desbalance tan equilibrado que generé con mi enfermedad. Al punto que por momentos me dan ganas de volver a lo mismo, sólo por volver a sentir eso. Estando enferma lo tenía todo fácil. Es muy difícil estar sana.

Me viene la nostalgia por ese “poder” de manejar mi cuerpo. Sentir pena de mí misma –horrible sensación-, andar cómodamente deprimida y sin ganas de hacer nada, saber que lo que como no tendrá consecuencias, ¡pero a la vez vivir con ese miedo tan terrible! Por ese miedo no atinaba ni a comer lechuga. Miedo y dolor físico. Es muy tentadora esa sensación. Sobre todo en días de ansiedad y de estrés, en que la sensación se acerca.

Yo supongo que como lo que ahora me pasa por la cercanía del día del padre, mi cumpleaños y los exámenes finales se parece a esa sensación tan conocida de antes, pues está sirviendo como estímulo para evocar todos esos pensamientos. Y a lo largo de los años yo he aprendido a enfrentar las situaciones de mi vida mediante la manipulación de la comida. Por eso, cuando algo pasa, tiendo a utilizar ese recurso de afrontamiento. Lo que ahora siento es como una sensación como de abstinencia. Como de que me falta hacer algo, llenar algo con comida, herir algo con el hambre. 10 años de enfermedad no se olvidan fácilmente, y es por eso que después de mi internamiento, aún se me aparecen los fantasmas. Y creo que eso es normal. Sé, por eso, que la lucha no es sólo a nivel conductual a través de mis horarios y mi régimen, sino también con un entrenamiento mental constante con las técnicas que me han enseñado. Por eso no he caído. Y no pretendo hacerlo, no quiero volver a vivir en el miedo. Definitivamente me siento distinta a lo que era antes, y eso es porque muchas cosas han cambiado, incluida yo. Pero no por eso me voy a poner a actuar de forma autodestructiva. Suficiente con pensarlo.

Quiero vivir bien, al menos la mayor parte de tiempo que pueda. Antes de que la enfermedad me vuelva a cegar.

2 comentarios:

Mademoiselle Grimoire dijo...

hola te encontre !!!!
soy yo muac !!!
te estuve buscando hasta que te encontre es que tuve unos problemas con mi computadora y pues tuve que hacerle miles de cosas por lo que ya no tengo historial asi que me puse a buscar!!!
te felicito tus blog estan muy buenos realmente muy buenos!!!
bueno te sigo byee

Anónimo dijo...

Vas a estar bien. Has aprendido a luchar y es sólo cuestión de seguir haciéndolo. Es una lucha de toda la vida, pero será más sencillo conforme pase el tiempo. Felicidades, tu capacidad de análisis e introspección son un arma fabulosa. Me encanta leerte tan bien, después de tanta tribulación y del larguísimo proceso para encontrarte a ti misma. Estás en el camino correcto.
Xantika