Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

 Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.

martes, 18 de abril de 2017

Abstracto


1:46 am.

Mañana tengo clases a las 7 de la mañana. Debería dormirme para despertarme a las 6:30 y bicicletear hasta allá. Debería haber leído el libro sobre la relación de la violencia en los medios de comunicación y el desarrollo en los niños para avanzar mi tesis. Qué va, debería estar avanzando mi tesis en estos momentos.

Pero escribo.

Hace mucho tiempo no siento tanta ansiedad. Hasta se me ha soltado el estómago (a todos les pasa, no me vengan con ascos). ¿Qué pasa mañana, qué es tan importante? Nada.

Nada, en realidad.

Tomé mi dosis condicional de ansiolítico porque ya la cosa está afectándome. ¿Será que tomé mucho mate?


No tengo idea. Lo único que sé es que, después de meses de meses de no tener inspiración, ésta me corre por las venas, llega a mis dedos, y no tengo ganas de otra cosa que escribir. Y escribir, y escribir, y pensar, y escribir. Siento el flujo de las palabras dentro de mí como una ola que me lleva, sin que yo pueda hacer mucho, hasta este pequeño rincón en la web, en el que por tanto tiempo dejé mi huella mental y por tanto tiempo abandoné.

¿Mis razones? Suficientes como para hacerlo. La vida real me consume, y no tengo tiempo para pensar demasiado y escribir cosas que no quiero que lean. He vuelto a mi yo reservado y natural, coherente con mi personalidad, y me gusta. Sólo que a veces, a veces, nace el impulso escritor, como motivado por una descarga eléctrica que me hace temblar todo el cuerpo, y la única manera de calmar mi mente procrastinadora es ésta: escribiendo.

No quiero contar nada en especial, es lo chistoso. No tengo ganas de poner al día a nadie, porque la gente a la que realmente le importo está a mi alrededor, o me contacta por escrito, no me busca por aquí. No tengo ganas de anunciarle nada al mundo porque he reaprendido a ser perfil bajo, escojo que no me conozcan porque me basta con que me conozcan las pocas personas que me conocen bien, inclulyéndome a mí misma, y eso me gusta, me siento contenida, estable, madura. No tengo un mensaje específico que lanzar por el internet, algo que solía tratar de emitir, como un escrito dentro de una botella, inmaculado hasta que alguien lo encuentre y lo lea (quien deba hacerlo), porque en realidad no soy quien para dar consejos ni lecciones ni inspirar ni nada. Me basta y me sobra con mi vida.

Sólo quiero expresarme. Deshacerme de esta ansiedad que me tiembla en el pecho y no me deja concentrarme.

Hoy ha sido un día movido, por eso estoy movida, por eso no atino a hacer lo que debo. Últimamente he tenido noticia de varias personas con TCA, y eso me tiene preocupada. Por qué no aceptarlo, sí, estoy preocupada. Incluso mantuve una conversación bonita e interesante con una compañera que me confesó que había tenido bulimia y yo le confesé que había tenido anorexia y resultó ser lindo conectar en ese nivel con alguien porque te sientes comprendida. Pero no puedo evitar estar movida.

Porque recordar es volver a vivir.

Por mi mente pasan muchas frases, situaciones, proyectos... Sí, ya sé pensar hacia futuro, me aburre pensar en lo que ya viví porque es repetido. Me pica en mi conciencia la idea de escribir sobre lo que sé. ¿Quién soy yo para dar consejos, por un lado? Sé mucho de muchas cosas pero no soy experta en nada. ¿Qué gano confesándome ante la sociedad? En realidad, me victimizaría, y desde que aprendí a dejar de lado el drama, lo juro, no es una idea que me parezca atractiva. Por eso ya no escribo por aquí: no quiero más drama. No quiero recordar/volver a vivir, tengo suficiente con mi presente (influenciado por el pasado, no puedo negar que hay cosas que siguen ahí), no quiero que me conozcan por esto. Quiero, en cambio, ser reconocida por mis logros, por lo bueno que puedo aportar. Entonces, ¿Es bueno escribir sobre lo que experimenté y cómo lo vengo manejando tan bien durante tanto tiempo? ¿Aporta a la sociedad? ¿Sería inmolarme como una heroína el escribir sobre la anorexia y bulimia y conseguir cierto reconocimiento morboso? ¿Lo haría por los demás?

No estoy tan segura. Ya no quiero dedicarme a salvar vidas porque tengo suficiente manteniendo la mía a salvo. No tengo fuerzas para ser el paño de lágrimas de nadie, me cansa, me debilita, me genera ansiedad, me devuelve a esas épocas y me distrae de mis metas, que tanto me costó adquirir. Pero una parte de mí quiere escribir, quiere expresarse, porque sabe que soy buena en eso, y sabe que tengo un mensaje importante que decir. Porque sabe que tiene potencial para ayudar a otros. Porque, no como salvación de los demás, sino como acto de redención de mí misma, el publicar mis pensamientos puede servir como aporte a la sociedad y terapia de autorreconocimiento de todo lo que he logrado, no de cuánto he fallado.

Mi vida es genial. Estoy feliz donde estoy, haciendo lo que hago. Hay personas que echo de menos, pero de las que he aprendido a vivir lejos sin que eso me lastime. Hay personas que amo con locura, más de lo que pensé que amaría, y otras de las que me alejé más de lo que creí posible alguna vez. Me conozco cada vez mejor, y cada día se me hace más fácil boicotear mis autoboicots. Porque los tengo, sí: hoy no quise cenar, estoy gordita para mis estándares, me llega tener rollos y grasa en la papada, brazos, panza, caderas, piernas... Pero caray, estoy con una gastritis tan fea que si no como, me muero de dolor. Si tengo dolor, o si estoy débil o triste, no funciono. Si no funciono, no alcanzo mis objetivos. Algo hay que digerir. Me he convertido en una guerrera 24/7 y me enorgullezco de mí misma por no dejarme consumir por el drama. Me afectan menos los problemas cotidianos, me preocupo más por solucionar que por analizar. He cambiado para bien. Me siento libre, tranquila la mayoría del tiempo. Siempre pensando que no soy la gran cosa, pero eso no va a cambiar nunca. Me conformo, y me siento feliz, siendo una hormiga más de la colmena, que puede dejar huella a su alrededor, pero que no es más que nadie.

¿Por qué escribir? Porque me gusta. Me causa placer (aunque el teclado de esta computadora no me gusta tanto). Porque es parte de mí, porque es algo que había olvidado hacer (aunque sigo siendo "La alumna que tiene problemas de síntesis").

No puedo proyectarme aún a largo plazo, y eso está bien. Simplemente no soy así. Estoy cerca de terminar mi carrera, todo un hito en mi vida, porque la anterior la dejé a la mitad, y esta me ha ayudado a crecer inconmensurablemente. A veces me pongo a pensar qué haré una vez que ya no me tenga que matricular y más bien buscar trabajo... ¿Oficina? No, por favor. ¿Agencia? Dios me libre, no puedo estar bien viviendo bajo mucho estrés. ¿Seguir con los shows? Letanías necesarias, de momento, para subsistir. ¿Negocio propio? El año pasado creía más en mi idea que ahora, que veo de forma más realista que mis productos valen más de lo que alguien puede pagar y no son necesarios. ¿Qué rayos haré cuando termine mi carrera? No quiero volver a vender mi tiempo por dinero que no lo vale haciendo cosas que no me ayudan, esa lección la estoy terminando de aprender. No quiero volver a faltar a mis ideales y no quiero aportar a mantener el mundo como está, aletargado, inconsciente. Tendría que ser mi propia jefa y producir, ¿pero qué?

Por eso, al menos en las últimas horas, se ha vuelto tan satisfactoria e interesante la idea de escribir. Ser yo misma. Porque sé que tengo mucho para dar, el problema es que no sé por dónde enfocarlo. Tengo muchas herramientas nuevas para vivir mejor. Cómo he cambiado, cómo he crecido.

Deberían pagarnos por vivir y por tener el potencial de cambiar el mundo, caray. Así conseguir las cosas necesarias para subsistir no sería tan difícil y no habría tanta desigualdad.

2:16 am. Me siento más liberada. Espero sea suficiente para poder avanzar mi tesis.

Gracias, pequeño espacio en el internet, por soportar (de ser soporte, de contener) mis manifestaciones.

martes, 30 de agosto de 2016

Carta a mi hermana menor

Querida pequeña grandota:

Fue inevitable para mí alarmarme cuando escuché que alguien lloraba. Sé que mamá entró y salió como si fuera algo normal. Sé que tu novio estaba contigo, y por un momento pensé que se estaban peleando en serio por algo de pareja. Me temí lo peor, te soy sincera. Y quizás motivada por eso, y porque en el fondo de mi aparente inmutabilidad, me importas (y porque nuestros cuartos están comunicados por el baño, válgame Dios, no hay mucha privacidad), escuché un poco lo que te decía él. Me calmó saber que no te estaba buscando pleito, sino tratando de animar. Aunque te soy sincera, no entendí el 50% de lo que dijo porque habla muy rápido y las paredes enchapadas en oro no permiten que el sonido traspase bien. 

Por ese atrevimiento mío de meterme en lo que se supone que no es mi asunto (sorry, soy una pesada que escucha conversaciones ajenas), me atrevo a escribirte esta, espero, pequeña carta. 

Me bastó escuchar a tu novio diciendo "esa persona ya no está y probablemente ni le importa, y mientras tanto ustedes sufren por su ausencia cuando su vida podría ser mil veces mejor" para entender a qué se refería. Por un momento pensé que se trataba de nuestro ex padrastro, pero no. Sé que se refería a papá. A la lucha de mamá. A la carencia en todo sentido en la que vivimos. Entiendo tu frustración y tu rabia, porque yo también la he sentido y no te mentiré, aún la siento a veces. Sé que somos demasiado diferentes, y parte de esa diferencia está en que yo sí tuve ayuda para aprender a canalizar esa impotencia hacia algo positivo, y tú aún no, pero hermana, somos más parecidas de lo que crees. Soy consciente de que estás en aparente desventaja y que, de los tres, eres a la que más esquirlas le ha caído. Sin embargo, quiero recordarte que eres fuerte. Siempre lo fuiste. Quizás hasta más fuerte que yo, porque no caíste de la misma manera. Pero quiero que de una buena vez entre a tu cabeza el mensaje que tu novio (y en esta oportunidad, yo) queremos que entiendas. Porque, partiendo de que no somos tan diferentes como piensas, puedo decirte que si Pequeño Hombre y yo lo estamos logrando, tú también puedes.

Sé que he sido orgullosa y no he querido/podido compartir mis penas contigo. Primero porque estaba demasiado enferma, casi en la locura, y no aguantaba nada (y creo que ya lo hemos hablado y espero que hayas comprendido que esa no era yo). Y luego porque "cambié", según uds para mal, según mi punto de vista, para bien. Y quiero que entiendas mis actitudes no para justificarme, sino para que veas las cosas que hay que hacer para poder levantarse. 

Yo no soy el mejor ejemplo de comportamiento. Lo sabes. Lo sé. Yo estoy aprendiendo también, estoy tratando de acomodarme a la vida y estoy luchando por mantenerme bien. Sé que no lo compartes, pero ese mantenerme bien implica no estar en casa, porque sabes la carga que hay y la falta de espacio familiar que, si bien da cierta independencia, no ayuda a crear un ambiente de soporte y más bien, es todo lo contrario. No te voy a decir que no paro en la casa a propósito porque es más bien una costumbre desde la época que no tenía dormitorio y porque paro haciendo mil cosas para poder ser autosuficiente, pero sí, una parte inconsciente de mí escapa de todo lo que puede porque no aguanta el drama y los problemas repetitivos. 

A eso voy.

Hermana, vivimos en una misma situación hace más de 16 años. Las cosas se siguen repitiendo. Papá sigue apelando en el juzgado, no compareciendo en las citaciones, coimeando a diestra y siniestra para que no lo sentencien y mientras tanto, haciendo su vida "feliz y despreocupadamente" con su nueva familia. Con esas personas que también fueron nuestra familia. Seguir llorando porque nada cambia no hará que las cosas cambien. Seguir aferradas a que algún día pagará los miles de dólares que debió pagarnos en alimentación, estudios y casa es seguir siendo niñas indefensas. Y ya no lo somos. Si mamá quiere seguir dependiendo de papá para poder salir adelante, es problema de ella y nosotras no podemos hacer nada por ayudarla más que salir adelante por nuestra cuenta. Sabes que no la tenemos del todo, y eso tampoco debe ser una desventaja en la vida. 

Hermana, tienes 26 años. Tu cara sigue siendo de bebe, pero tú ya no lo eres. Y si sufres, es porque sigues aferrada al dolor, al miedo, al pasado, a la incertidumbre, a una concepción negativa de la realidad y a papá y una familia carente. Me incluyo. Te hice mucho daño y no sabes cómo quisiera haber sido capaz de abrazarte en vez de limpiar las cosas que tocabas para no sentirte ahí, o pedirte que disminuyeras el volumen en vez de callarte a gritos. Aunque no lo creas, me siento muy culpable de tu estado actual, porque sé de tus sacrificios para que yo esté bien. Todos en esta casa hemos hecho cosas por el otro, a veces haciendo cosas extremas y no muy positivas, pero que eran lo único que creíamos que podíamos hacer porque, caray, ¡la vida nos tocó tan difícil...! Pero eso no tiene que significar que esos sacrificios y obligaciones de mantenernos en el status quo deben seguir.

Hermana bella, quizás a tí te hayan parecido cambios negativos porque empecé a responderte, a enfrentarte a tí y a mamá, pero ¿sabes qué? esos cambios han sido el impulso para que o pueda empezar a volar. Sin ellos, yo estaría muerta, y tú lo sabes, porque has tenido que ver cómo me hacía daño a mí misma innumerables veces y eso no se lo deseo a nadie. Eres fuerte y valiente por haber permanecido a mi lado a pesar de todo eso, y por esta razón es que te considero mi amiga y con la autoridad moral para decirte lo que te digo. ¿Sabes cuándo empecé a cambiar? Cuando, luego de sentirme un conejillo de indias en el internado, pensando que lo que querían era convertirme en un robot que le diera gusto a los doctores, empecé a pensar "¿qué tal si ellos tienen razón y yo estoy equivocada?". Y así, poco a poco, la información entró a mi cabeza y entendí que por más amor que haya en la familia, todos necesitamos despegar porque en conjunto estamos enfermos. Y no sólo por papá, sino porque todos somos HUMANOS y tenemos características que crean conflicto y maneras de enfrentar y solucionar que no son las mejores. 

Hermana linda, quiero que sepas que para mí no es fácil enfrentarte. Siempre que te hablo existe temor a que me regañes. Vivo con miedo, no sólo de ti: de todo el mundo. Aún con pastillas se me hace muy difícil levantarme de mi cama para hacer mis cosas, y hay días en que sólo lloro, como, duermo y deseo desaparecer. Pero gracias a que enfermé, y te hice daño, y me hice daño, y caí hasta el fondo, me di cuenta de que tenía más opciones que quedarme en mi zona de confort oscurita y cálida de la que nadie me podía sacar, y para lograrlo, debía poner de mi parte y dejarme ayudar. 

Hermana querida, hay más vida después de hoy. Depende de o que tú decidas hacer. El dinero se consigue, y lo sabes. Tienes avales que te adoran y mueren por verte surgir. Si te enfocas en lo que tienes y no en lo que no, podrías hacer magia. Papá no te hace daño ya, porque él no está. Yo trato de no hacerte daño, pero es imposible porque vivimos en la misma casa y chocamos y en fin, pero eso puede cambiar si ambas nos ponemos las pilas (Me encanta que ahora hablemos más y compartamos pequeños detalles del día a día. Para mí es mil veces mejor que hacer como si no estuvieras porque eso me mata). Y sobre mamá, ella no va a cambiar por más que nosotras queramos que lo haga. Lo que podemos hacer es cambiar nosotras y CONSTRUIR lo que queremos para nuestra vida. Ese es el milagro, la otra opción, la parte buena de todo esto: hemos pasado hambre, frío, sueño, sed, falta de amor, falta de soporte, falta de compañía, falta de recursos, falta de TODO PARA aprender que así no puede ser nuestra vida de ahora en adelante. Y eso es lo que yo estoy tratando de hacer. 

Sé que no soy el mejor ejemplo de comportamiento (sé que debo avisar cuando no voy a ir a casa a dormir y limpiar un poco más seguido, y apuntar más las cosas, y dejar de dar por sentado y llamarte a preguntar), pero quiero que entiendas que las cosas que hago son porque quiero volar y construir una vida para mí, la mejor que pueda, con las experiencias que tengo, porque gracias al pasado sé qué no debo permitir que me suceda y por qué cosas es que tengo que luchar. Yo tenía planes para mí, y a esta edad, según ellos, mi vida debería haber sido otra... Pero la realidad no siempre puede ser la que una espera y desea, y llorar porque no se cumplieron nuestras expectativas y quedarnos amarradas a ellas implica no avanzar. Y si no avanzamos con la vida, caemos. Como en ese juego en el que nos metíamos de niñas, que era como un cono que giraba y una por dentro, si paraba de correr, se caía. Así, igualito. Si no te paras, el mundo va a seguir atropellándote. Si no te pides prestado, no vas a salir de tu cuarto. Si no triunfas, no vas a poder devolver los favores. Estás en la obligación moral de triunfar para agradecer todo lo que se hizo por tí, y no por sacrificio, sino porque te amamos y queremos darte lo que tenemos, que suele ser poco, porque queremos verte bien.

Acepta lo que se te ofrece. Busca y pide ayuda. Eres fuerte, pero vulnerable, y felizmente esa vulnerabilidad se aprende a manejar. Yo no creo que quieras pasarte el resto de tu vida llorando y lamentándote porque no puedes hacer las cosas que quieres porque falta plata y recursos. No, hermana: tú los puedes conseguir. Tú puedes ser la que tú deseas ser. Tú puedes conseguir todo lo que te propongas, sólo debes creer que la vida, si bien te quitó en un principio, no fue por mala o cruel, sino porque es su forma de enseñarte que el Plan Z es tan bueno como el Plan A, y que puedes ser feliz con lo que sí tienes, sólo si tú te lo propones. 

Confía. Perdona. Deja ir. Camina, pasito a pasito. Planifica. Busca. Vas a ver que cosas muy buenas van a llegar a tí si te pones manos a la obra.

Estoy orgullosa de que estés empujando el proyecto. Estoy segura de que eres capaz de mucho más.

Olvida a quienes decidieron no estar. La vida se encargará de ellos. Perdona, deja ir a papá, y trabaja por tí, para tí, para la vida que quieres formar con tu familia propia, con tus sueños, y deja que la justicia llegue en el momento que deba llegar. Yo no le guardo rencor a a papá pero sí quiero que se haga justicia con nosotros y seguiré firmando sólo por eso. Y seguiré manteniéndome al margen de los problemas para que mi depresión no me chanque.

Te adoro, gigante vikinga, compañera de juegos, hermana pequeña. Cuenta conmigo, déjame ser tu hermana mayor de vez en cuando y déjame aconsejarte en estas cosas. 

viernes, 29 de abril de 2016

Control y dolor


Y bueno. Pasan los días, los meses y años, y una sigue aquí. Igual que siempre. Con cambios mínimos que te hacen pensar si realmente estás creciendo, y a la vez tantos sucesos que te comparas con tu yo de hace 2 años y te preguntas qué rayos hacías pensando de esa manera.

Yo sigo igual de responsable que en el colegio, haciendo mis tareas con ahínco y madrugándome para sacar las mejores notas, pero igual también que cuando estaba en la universidad, incapaz de concentrarme en mis tareas y resolver cuestionarios sobre los receptores acetilcolínicos, y escribiendo en mi blog en vez de eso.

Supongo que mi mente funciona por prioridades, como la de todos, y mi prioridad ahorita, por alguna razón, es escribir esta entrada en vez de redactar la editorial de mi revista. Nada profesional o que vaya a salir a circulación, lo que pasa es que Srta. controladora fue designada como directora del trabajo final de un curso del instituto (hacer una revista con todas las de la ley), gracias a sus buenos aportes y división de tareas en trabajos anteriores con el mismo grupo. Suele pasar. Es chistoso porque el ciclo pasado, la misma Srta. controladora se salió de control y se convirtió en una tirana que defendía sus ideas a capa, espada y estocadas, y ahora, de pronto, soy una buena líder. Ojalá sea que aprendí la lección y estoy realmente aprendiendo a controlar mi carácter.

¿Por qué todo se trata de control?

No es que esté fuera de mí, para nada, pero de hecho, ni sé por qué estoy escribiendo. Considero que escribir aquí es innecesario a menos que tenga algo interesante o importante que decir, y me he "portado bien" no visitando este sitio en meses porque "mi to-write list" estaba vacía. El mensaje de una persona que no debería pero que fue influyente fue "ten claro lo que quieres escribir" (Espero no haberlo malinterpretado), y en el fondo es muy cierto, me la he pasado escribiendo tonterías sentimentales que poca gente lee y a mucho menos les interesa... ¡pero pasados tantos años de iniciar este viaje literario, sigo sintiendo ganas de volcarme en un papel digital! ¿Estaré fuera de control o simplemente esa soy yo y, como dice mi novio, "escribir es parte de tu esencia, no lo dejes", y no debería alejarme de ello sólo porque aún no tengo un tema bien definido?


Bueno. Volviendo a lo concreto, que es lo que me trae por aquí: quizás me haría bien un pequeño desfogue para que las letras que estoy buscando fluyan por mi cabeza y pueda, por fin, escribir la editorial y la columna de opinión sobre mi revista para mujeres. Algo sobre las "necesidades de la mujer de hoy, que no se contenta con recibir tips de belleza y que busca sentirse bien no sólo físicamente",y quizás una columna de opinión sobre, no sé, la moda del hueco entre los muslos (¡oh, esas épocas!), o la ortorexia, o quizás el acoso callejero. Retomando la idea principal, creo que estas semanas han sido muy intensas para mí y quizás sea correcto desahogarme un poco, ya que aún no me basta la ayuda que he recibido.

Estoy sumamente susceptible. ¿Recuerdan (Quienes sea que me leen) que en el post anterior conté que estaba sin antidepresivos? Bueno, su ausencia ya empezó a hacer efecto. No es algo terrible, como para decir que me voy a caer en un pozo sin fondo, que estoy tan mal que sin mis pepas me escondo debajo de mi escritorio, abrazo mis rodillas y me muevo hacia adelante y atrás, o que voy a atentar contra mi vida... Pero las cosas me han estado afectando lo suficientemente como para realmente considerar que tengo un desbalance químico que requiere una conversación con un psiquiatra y, de preferencia, volver a medicarme. Ya saqué una cita para la próxima semana, a ver qué tal me va.

Felizmente el asunto de los antidepresivos no me parece denigrante, ni vergonzoso, ni tabú, y no creo que deba sentirme inferior a nadie por necesitar tomarlos: podríamos decir que la genética, la falta de alimentos de calidad durante muchos años, mi carácter y las sinfín de situaciones difíciles han hecho que esta ayudita sea muy necesaria. Ni modo, así me tocó. Felizmente no estoy escribiendo esto hace unos días, sino hoy, que me siento "satisfecha" con mi presente inmediato, pero si me hubiera saltado la vena literaria el domingo, por ejemplo, este habría sido un solo de tristezas y lamentos. Que mi familia no me quiere, que soy una carga, que estoy gorda, fea y llena de granos, que soy un fiasco, que no tengo talento ni futuro, que tengo miedo de todo, blahblahblah. Eso es lo que pasa sin las benditas pastillas: la luz mental se va, y como una se queda medio a oscuras, ve sólo lo más cercano, lo más fácil, lo que ha visto con más frecuencia por mucho tiempo; las emociones se ponen más a flor de piel, el fastidio se convierte en ira, la pena en tristeza profunda, la alegría se hace más difícil de alcanzar (Aunque no es imposible, pero es fugaz), la duda se convierte en indecisión, y predomina un estado pensativo pero aletargado, como una sensación de estar flotando en el aire y no saber qué camino tomar. Y si, regularmente y con ayuda de pastillas, ese es el estado normal, pues ya se imaginarán: ahora todo lo negativo está aumentado. El abanico de posibilidades de acción se reduce porque el cerebro no piensa con la misma claridad y rapidez, y las decisiones tomadas son más impulsivas, irracionales y tirando para lo triste y derrotista.

Siempre me ha costado tomar decisiones. Es una de las cosas más simples de la vida, pero para mí puede ser un verdadero dolor de cabeza, desde escoger el color de ropa interior que voy a usar o qué tenedor coger, hasta el bendito tema del propósito en la vida. En algún momento ha sido sobre la pareja, en otros momentos ha sido sobre estudios, y últimamente es sobre el ámbito laboral. Aún no me encuentro donde quisiera estar a mi edad, no logro lo que quisiera lograr y veo tantas posibilidades ante mí que no sé por dónde empezar o cuál es la más adecuada, y tomo mi postura usual de evasión para no tener que decidir nada hasta estar completamente segura de algo. Lo cual es imposible, porque yo nunca estoy segura al 100% de nada. De eso sí estoy segura. Bueno, no del todo.

FELIZMENTE, y dentro de lo mal que he estado estas semanas, estoy más positiva de lo que podría estar, y sé que todo va a estar bien. Además, sé que he tenido buenos avances, no todo es negro. He madurado mucho, me estoy haciendo cargo de mí misma en muchísimos sentidos que antes no lograba y estoy en buen camino: tengo proyectos que jamás pensé que tendría, y que me motivan. El asunto es que me bloqueo en ese tramo que hay entre el "pensar y planificar" y el "concretar". Que el dinero, que la flojera, no sé: simplemente me quedo inmóvil. Y creo que de eso se trata ahora mi problema, la inmovilidad, el mantener el status quo, la dificultad para invertir tiempo en plasmar mis ideas porque es más fácil colgarme del internet y dormir.

Bueno. ¿Qué rayos me ha estado pasando para deprimirme?

¿Aparte de sucesos simples, cotidianos y repetitivos del día a día en mis relaciones interpesonales y logros-caídas en mis distintas actividades, que por lo mismo que son repetitivas y vacuas, no vale la pena mencionar? ¿Aparte de no tomar los anti depresivos y, por ende, recaer en la depresión, creo yo, orgánica y antigua que tengo?

Pues que he estado enferma. No es un "he estado tan enferma que he tenido que hacer mi testamento y dejarle mis esmaltes de uñas a mi hermana", es más un "he estado tan mal que no he podido hacer absolutamente nada". Siempre he tenido dolores de espalda, de eso nadie está libre, y más cuando hace mil cosas a la vez y tiene mala postura. A todos nos pasa. Pero en esta ocasión, a mi cuerpo le dio el berrinche y me tumbó. Desde febrero me fastidiaba pero no le di la suficiente importancia. Hubieron momentos en que me decía "bueno, me haré un tiempo mañana y me iré a que unos cieguitos me masajeen la espalda hasta ver la luz", pero lo fui postergando porque me daba nosequé gastar mis 50 soles en masajes cuando mejor era usarlos en otras cosas como comida, o transporte, o lo que sea que de hecho era más importante (qué raro, ¿no?). Hasta que un buen día me vino de pronto un dolor tan intenso que me quitó la respiración. No podía ni hablar, ni moverme, y me llevaron a la emergencia. 6 horas y 2 vías después (con dos medicamentos para dormir a un caballo cada uno), y la cosa no pasaba. Me fui a mi casa, avisé que no iba a hacer shows en todo el fin de semana, me dieron un descanso médico, y mes y medio después la cosa sigue. El diagnóstico del traumatólogo que me vio la segunda vez que fui a emergencias por el dolor fue "contracturas en toda la espalda". Yo pensé que tenía cáncer y que estaba en fase terminal, porque ni con el tramadol me pasaba. Peor aún, se abrió la posibilidad de que sea fibromialgia, cosa que algunos no han descartado, incluyendo mi lado pesimista. Un punto más para mi historial de locura (no estoy loca, debo dejar de tratarme así).

"¡Pero las contracturas se pasan con masajes descontracturantes y listo!", diría cualquiera. Bueno, pues quizás sí, en el resto de gente normal que tiene una piedrita en el omóplato o el hombro y que le pasa con unas tres sesiones. Pero yo, para variar, quiero salirme de lo ordinario, y no sé cómo rayos pero mi cuerpo se las arregló para que mi contractura fuera desde la base del cráneo, pasara por toda mi espalda y se irradiara por hombros, omóplatos, incluso costillas, y termine en la cintura, impidiéndome caminar más de 3 minutos sin sentir que me quemaba la espalda, o estar sentada más de 5 sin que me dieran náuseas por la intensidad del dolor. Que por cierto, para que se hagan una idea: los primeros 5 días era como si me hubieran atravezado debajo del omóplato izquierdo con una lanza y me estuviera aplastando una pared, sin dejar pasar ni un minuto de dolor, ni aún durmiendo. Los siguientes 10 días han sido como si me hubieran agarrado entre 5 personas a patadas y mi espalda estuviera en carne viva; luego de eso, recién, han sido dolores "comunes" de espalda, de esos que te dan al final de un día largo de trabajo, sólo que por cosas pequeñas como girar el cuello, o la cintura, o caminar a la cocina, o ir al baño. Ya con pausas de dolor, pero sumamente intenso, al punto de las náuseas y los escalofríos. He estado con analgésicos opioides, no opioides, relajantes musculares, compresas frías y calientes, cremas, electricidad, magnetoteraía, ultrasonido, y, dada la cercanía de mi familia a la medicina alternativa, he probado acupuntura, homeopatía, camas masajeantes con piedras de jade calientes, mentalización, y hasta limpias con chamanes porque se ha barajado la posibilidad de la brujería (escéptica yo, aún así lo considero, en esta viña del señor todo es posible y hay gente enferma que es capaz de tomar muy malas y egoístas decisiones para hacerle daño a otros)... Y nada, hasta hace muy poco, el dolor ha seguido siendo imposibilitante. Han sido semanas insufribles en las que he estado tirada en mi cama, incómoda en cualquier posición, sin poder siquiera sentarme para comer, y lo peor, con muy poca ayuda. Si no hubiera sido por mi enamorado, que ha suplido mis responsabilidades en mi casa y me ha cuidado día y noche, llevado de un lado a otro y demás, aún seguiría postrada sin poder moverme.

"¿Pero por qué te dio eso?"

Señoras y señores, la palabra mágica y clave del siglo: ESTRÉS. Emocional, mental, físico, de todo un poco. Pero estrés al fin y al cabo. Mi explicación es que el año pasado no le di descanso a mi cuerpo, me desviví por complacer en mi chamba y en mi casa, guardé mucho rencor por injusticias y cosas que suceden con las que yo no estoy de acuerdo pero que escapan de mis manos, me hice mucho hígado (hasta me han salido canas), y no descansé, y no me cuidé, y aprovechando el mínimo descuido, mi cuerpo se desquitó, me dijo "bueno, si no quieres hacerle caso a tus emociones, vas a tener que hacerme caso a mí", y voilá, Cris tronchada.


Consecuencias: Estoy en fase de rehabilitación (aún con rigidez y dolor, no sé qué rayos hago con mis músculos pero me vuelve el dolor, sobre todo cuando me exijo mucho o estoy mucho rato sentada escribiendo en la compu... como ahora :P), aún no produzco dinero, he vuelto a estar endeudada y me gasté los ahorros que tenía para un proyecto que tengo del que no hablaré aún... pero estoy tratando de hacerme más caso, de tomar conciencia de mi vida (porque esto no ha sido casualidad) de manejar mejor mis emociones, de canalizar mejor mi ira y mi enojo, de decir las cosas que me molestan y de cambiar las que puedo para tener una mejor calidad de vida.

Felizmente ya puedo ir a clases (traté el domingo pasado de ir a show, pero fue contraproducente y terminé llorando. Claro que estoy más susceptible que de costumbre, así que no hay que prestarme mucha atención, pero sí, estoy complicada). Y sé que, felizmente también, esto se maneja ocupándome más de mi cuerpo, de tener una mejor postura, mejores hábitos, cuidándome más del estrés y de no cargar con tantas responsabilidades (Sobre todo si no son valoradas, como es el caso de la empresa de eventos), planificando acciones a tomar a futuro para no quedarme en la calle (porque sabemos que mucho apoyo económico no tengo, aunque sí tengo mucha suerte), y sobre todo, ayudándome lo más que puedo.

"Con la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida es contigo mismo, así que de tí depende ser tu mejor aliado o tu peor enemigo", dicen por ahí, y yo estoy procurando lo primero. Un poco floja, porque mi autoconcepto no está en sus mejores momentos (gracias, depresión, gracias, pensamientos antiguos), pero lo intento. Tengo muuuuuuucha suerte, dentro de todo, de estar donde estoy: hay gente que la pasa cien mil veces peor que yo (muchas mantienen la sonrisa en la cara, damnit, deprimirse es un lujo), y yo soy afortunada de tener el apoyo que tengo de las pocas personas que están a mi lado sin buscar más que una sonrisa a cambio, y eso es lo que más vale en la vida. Tengo fe en que, una vez pase este bache, me estabilice (emocional y físicamente) y vea resultados, voy a estar más animada y podré tomar decisiones más trascendentales. Y también tengo fe en que no sea fibromialgia, por favor Diosito, por favor.

Moraleja: Valora tu salud, y tu integridad física. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y eso no sólo se aplica al amor, también a la salud, porque sólo cuando te das realmente cuenta de lo imposibilitante que puede ser una dolencia es que ves lo importante que es estar bien, en todo sentido. Dejemos de matarnos por unos cientos de soles, démonos espacios para viajar, relajarnos, descansar de verdad; aprovechemos los fines de semana, dejemos de llevar trabajo para avanzar en la casa, al final del día, nada es tan importante como el bienestar físico y emocional, y eso, ni un millón de dólares lo puede comprar. Si tu trabajo te apasiona, dale, pero mídete, porque es muy seguro que también te esté estresando sin que te des cuenta, y quitando vida social y familiar: nada en exceso es bueno, y la vida no está hecha para trabajar para otros, sino para buscar la felicidad.
Así que busquémosla en las cosas que está comprobado que la contienen: familia, amor, amigos, distensión, naturaleza... Dejemos de ser soldados sin mente ni vida de una sociedad vacía basada en la productividad y meritocracia. Busquemos nuestros propios medios para sobrevivir.


Lectura interesante al respecto:
http://www.periodicodecrecimientopersonal.com/la-espalda-como-reflejo-de-nuestras-emociones-ocultas/

Esto también me ha estado pasando desde enero o febrero pero felizmente hace un par de semanas ha disminuido. Una raya más para el tigre:
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000807.htm







domingo, 7 de febrero de 2016

Letras e insomnio

Últimamente estoy con insomnio. Cosa rara para una persona que puede caer dormida en cualquier lugar, en cualquier momento.

Cierro los ojos, y veo, en el fondo negro de mis párpados sin luz, letras de distintos tamaños y estilos que forman palabras que no se entienden. Cambio de posición, abro los ojos: es de madrugada, mis perros respiran debajo de mi cama, sienten mis movimientos y uno de ellos se para para saludarme y moverme la cola, quizás pensando que voy a jugar con él. Para Princhi siempre es momento de correr. Pero lo desilusiono con unas palmaditas en la cabeza. "Vuelve a dormir", le digo.

Es tarde, y pienso que esto me pasa porque estoy haciendo horarios locos, de nuevo. Obvio, esto de estar de vacaciones luego de un año de trabajo y estudios firmes y desgastantes tiene su contra: hacer lo que quiera, que no siempre es bueno a la larga. Pero no, creo que es puede ser un factor que me mantiene despierta, pero que no es la razón de ser de esas letras en mi cabeza. No, hay algo más. Algo que me falta hacer. Algo que mantiene mi conciencia intranquila.

Ya saqué a pasear a mis perros, limpié la casa; sé que tengo que ordenar pero no puedo mientras mi mueble siga en el patio (Y necesito ayuda para cargarlo); faltan días para la matrícula así que sobre ese tema sólo me queda esperar. Nop, no es nada relacionado a mi familia, ni al amor, ni a mis amigos, ni estudios, ni trabajo. Es algo relacionado conmigo. Es algo que no he hecho en muuuucho tiempo y que ha hecho que se acumulen todas esas palabras delante de mis ojos cerrados.

Escribir.

Acabo de estar viendo de manera superficial lo que puse a finales del 2014. Qué buenos mensaje, me alegra haber dejado en pausa mi pequeño espacio en un momento de mi vida tan positivo. La última vez que puse algo dije que no quería escribir hasta tener un mensaje positivo seguro que quisiera hacer llegar a otras personas, y esa es una de las muchas excusas que he tenido conmigo para no hacerlo. Quise esperar a que llegue la inspiración, "no, hoy no, hoy ya escribí mucho por encargo", "no, me duelen las manos", "no tengo tiempo para eso", "si no tengo una temática específica mejor lo dejo de lado, por el bien de la humanidad".

¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?

Hoy no es que tenga un mensaje recontra positivo para enviarle a los lectores de este blog (Me sorprende tener visitas de la India y de Irlanda, ¿en serio me leen o es gente de paso? ). Pero YO necesito un espacio para mí. Esa fue la razón de ser, en un inicio, de este blog: darme un espacio para esas cosas que no caben en mí y que a veces me sobrepasan, porque sí, a veces puedo ser intensa y necesito descargarme. Me he dado cuenta recién hoy de que no tengo con quién descargarme realmente. No es que me las quiera dar de víctima, pero me estoy sintiendo un poco incomprendida y juzgada cuando quiero decir lo que siento y pienso, y eso me mantiene callada. Pues bien, va casi un año de silencio (Mi récord) y creo que estoy a punto de estallar. Esas leras en mi mente son las palabras que no he logrado articular y que si no pongo por escrito en estos días, no me van a dejar dormir en quién sabe cuánto tiempo más.

La cosa es bien simple: todo sigue muy similar. No es que haya cambiado gran cosa en mi vida. Me da cierta culpabilidad estar contando "ay sí, mi vida, mi historia", pero bueno, este es mi espacio personal, el único en el que puedo darme importancia, así que aguántenme. Lo necesito.  Como decía, las cosas han seguido su rumbo y están bastante similares a como las dejé a principios del año pasado. Entonces ¿por qué la necesidad de expresarme, como si el basurero estuviera lleno? Quizás es como cuando tienes un cuarto bonito y bien equipado, en el que no entras desde hace mucho: luego de casi un año, lo encuentras igual, o muy similar, pero lleno de polvo. Es necesario mover todo para limpiar, y por ahí clasificar lo que sirve y lo que no.

Así que, ¿por dónde empiezo?

Bien. Iré por lo más fácil. Hace como dos años que no recibo terapia, desde que me diagnosticaron Síndrome de déficit de atención sin hiperactividad, ¡ah, eso puede ser lo que también mantiene mi cabeza llena de letras! No he hablado con nadie más que la gente de mi entorno para solucionar mis asuntos internos; esto ha significado que la receta de mis antidepresivos esté obsoleta y por tanto, poquito a poquito los haya dejado. No hace mucho, porque la última receta que me dieron fue virtual, así que pude imprimirla e imprimirla... pero me da flojera hacerlo de nuevo. Así que va como una semana sin pepas. Por el resto de cosas, estoy super estable. Me complace decir que me cuesta más dejar de comer que comer en sí. No soy perfecta, y el pensamiento de "estoy gorda, ya no voy a comer más" me visita todos y cada uno de los días de mi vida y en cada ocasión que pueden... pero simplemente, de manera orgánica, ya no puedo hacerles caso del todo. Me gobiernan unos días, o una pequeña temporada, y de ahí simplemente ¡puff!, el hechizo se acaba. No sé si es porque ya mi cuerpo se acostumbró a comer, o si el desgaste que tuve es tan fuerte que ahora por cualquier minidieta me vuelve la gastritis, la debilidad y esas cosas; no sé si es porque ya estoy grandecita para esos achaques y me afectan más que hace 10 años, o qué rayos, pero simplemente no paso de un par de semanas mal comiendo, cuando realmente me lo propongo. La sensatez puede mucho más, y eso me alegra, porque recuerdo todo lo que perdí y el ser que era cuando estaba realmente trastornada y me aterra. No podría ser ni el 10% de lo que soy ahora si volviera a vivir para mi cuerpo y mi mente en vez de yo como un todo. Así que me alimento bien, por inercia, un poco inconscientemente, pero me mantengo feliz. Tengo problemas con las cantidades, como siempre, y sigo con una fijación por los dulces, pero me controlo lo mejor que puedo. La comida no es el centro de mi día a día, así que puedo decir que check.

(Para las que se preguntan si no extraño esas épocas y mi cuerpo de entonces: la respuesta es sí, todo el tiempo. A veces me siento incómoda en mí misma, a veces quisiera no tener responsabilidades. Pero luego me acuerdo de todo lo malo de esos días, y lo comparo con todo lo bueno de ahora, y creo que es mejor lo que tengo ahora, las satisfacciones que me trae, la tranquilidad de hacer las cosas bien y tener la conciencia tranquila y abierta para pensar en otras cosas importantes. El cuerpo siempre está cambiando y es cuestión de acomodarse).

Sobre los estudios: sigo en el Instituto. Me sigue yendo bien. Pero estoy nuevamente aburrida. Me llega no poder mantenerme en una sola cosa sin pensar en que quiero cambiar. Eso no es maduro, ni responsable, ni estable, siquiera. Así que no los he dejado, ni lo voy a hacer.

¿Qué pasa? Que me comparo con la gente que hace lo que en el fondo de mí quisiera estar haciendo pero me da terror hacer. ¿Por qué? Por el estúpido dinero. No confío al 100% en mí misma como para dejarlo todo y dedicarme a estudiar música, danza, teatro, todo lo que en el fondo me gusta. Ese mundito tiene cosas que me atraen como polilla, pero cuando estoy cerca siento que me quemo y mejor me alejo y me dedico a otras cosas que me sean rentables, porque hay que pensar también en el futuro. En esas me la paso, tratando de buscar un equilibrio. Por lo pronto, si bien estoy cansada de estudiar algo que me gusta pero no es teatro, quiero terminarlo. Porque tengo casi 28 y ni un título que me respalde. Sé que los títulos no son lo más importante, que hay gente que la ha hecho linda haciendo lo que le gusta y blah blah blah, pero para mí es importante ese cartón que diga "Cris es profesional (o técnica) en tal cosa". Para asegurarme que tengo recursos para los tiempos difíciles.
Pero en el fondo, sí, en el fondo, una buena parte de mí envidia a los que ahora tienen éxito y añora ser parte de ellos. Estos días han estado marcados por eso, porque mi prima, una de mis más grandes referencias, está triunfando en el mercado local, y a mí me hierve no poder estar junto a ella, brillando también, por dos razones: porque creí que no tengo el talento suficiente, y porque CARAJO, fui tan estúpida y tan insegura que me salí de eso y me fui por lo seguro (El cartón y el dinero), y me puse a trabajar en shows que me divierten y me gustan pero no me llenan del todo, y más bien me generaron demasiada frustración. Conclusión: soy una tarada, y tengo que vivir con eso. Y tratar de perdonarme.

Ajá, acabo de encontrar el primer insecto dentro del cuarto lindo pero sucio: envidia, rabia a mí misma por haberme rendido, convenciéndome de que eso no era para mí, obligándome a dejar de soñar. Aj, ¡eso de sentirme mal conmigo misma se me hace taaaaan familiar...! Así que, ¿Qué hice? el año pasado, viendo a mis amigos, me empezaron a picar los pies, las manos y el cuerpo y me dije "voy a volver. Voy a planificar bien qué haré para no quedarme en la calle pero tampoco estancarme en el anonimato", y en eso ando. Diciendo "sí" a cada proyecto que se me planta en frente, siempre y cuando no demande gastos de mi parte. Me llegaría tener que volver a estudiar esas cosas, al menos en este momento. Sé que voy a tener que hacerlo eventualmente, cuando me quiera dedicar de lleno, pero ahora voy a seguir gastando en mi cartoncito. Luego, en un año y medio, que es cuando se supone que lo conseguiré (al menos eso dice la currícula de mi carrera), buscaré trabajo "de adulto" y en las noches me dedicaré a eso. Y pagaré si es necesario, pero ya más tranquila.

Lo que me llega de este asunto es el tiempo. Me siento vieja, me da miedo porque me comparo con los que siguieron sus sueños y no le hicieron caso al miedo y me considero torpe y sin gracia a su costado. Ahora soy consciente de que no sólo es suerte: es cosa de valor. Y yo para esto soy bien cobarde.

¡Pero ya fue suficiente! Ya no quiero seguir lamentándome de no haber seguido mis sueños: quiero ser feliz, y voy a luchar por conseguir eso que, creo, es lo que me hará sentir orgullosa de mí misma. Nada más tengo que volveeer a aceptar que me tocó demorarme en la vida, pues. Ni modo.
Algo para mí habrá :)

Lo dejo aquí en pausa, de momento, porque ha venido mi galán a recogerme para vernos. Qué, ¿no sabían? Uy, es que falta aún bastante por actualizar :)

martes, 3 de marzo de 2015

Actualizeishon

Nada. Sólo que estoy feliz :)

Todo va bien. Tengo todo lo que necesito, y todo lo que quiero.

No he escrito antes por varias razones, la principal es que no creo necesario seguir escribiendo tanto, y porque quería estar segura de tener un mensaje positivo cuando escribiera de nuevo.

Hoy lo tengo: me siento súper bien.

Y quiero mantener esa onda en el blog :)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Un Año Nuevo sincero



Y bueno. Se acabó el año. Se acabó este ciclo de pruebas, se acabó la oportunidad.

Llega otra. Algo nuevo, algo desconocido.

Este año me ha ido muy bien en todo sentido. Creo, verdaderamente, que he aprendido infinidad de cosas y fortalecido otras otras, de manera que me cuesta (me da pena) que se acabe.

En mi caso, la pena se confunde con miedo. Miedo de lo que vendrá, de los retos, de lo que sea que pase. Siendo sincera, me da mucho miedo de que mi buena racha se acabe y vuelva a sufrir.

El año pasado no tenía plan y estaba tranquila, y al final, de improviso, acabé yendo al otro lado de la ciudad a pasarla con mi mejor amiga y la familia de su novio. La pasé lindo.

Este año tengo planeado ir a una fiestita no muy lejos de mi casa. Tengo que invertir y toda la nota. Pero mis amigas me acaban de avisar que van a llegar tarde, lo que significa que probablemente reciba las 12 sola. Y eso me asusta un poco. No es que la manera en que reciba el nuevo año determine cómo me va a ir... Pero me ha aguado un poco el ánimo tan bueno que tenía hace unas horas.

Supongo también que de eso se trata este reto final: de probar que efectivamente hay un chip nuevo en mi cabeza que ha ido tomando fuerza en mis actos y decisiones, y es hora de una prueba final para poder pasar al siguiente nivel (¿De qué? No lo sé). Así que, Cris, desanimarte por algo tan pequeño no vale la pena.

Así que para quitar esas nubecillas de mi soleada cabeza, tengo que soplarlas con la esperanza que me ha estado invadiendo los últimos meses.

Me he autobajado la dosis de antidepresivos porque quiero dejar de tomarlos paulatinamente y siento que voy por muy buen camino. Me ha estado pretendiendo una persona bastante mayor que yo, pero no tengo apuro porque, a pesar de que siento algún tipo de conexión, no siento que sea la persona indicada para mí. Y porque me va bien estando sola. Extraño mucho tener pareja, sobre todo en fechas como hoy, pero haciendo de lado el factor "romance", la paso muy bien. Tengo dinero y trabajo suficiente como para pasarme este verano como más me gusta: disfrutándolo. Tengo planeado que nada me impida irme a la playa y quizás, si es que se puede, al sur. Encontraré la manera de lograrlo.

Eso, eso es lo que he desarrollado en este tiempo: he recuperado la capacidad de lograr lo que me propongo. De fijarme una meta, trazar un camino hacia ella, y recorrerlo. Aún en cosas pequeñas, pero existentes.

Y es que creo que he descubierto la manera de estar enamorada de la vida. No necesito pareja, ni papá, ni demasiadas cosas. Simplemente estar plantada en el presente, con los retos de cada día: buscar qué hacer y encontrarle el sentido a las cosas. Recién, experimentándolo, entiendo lo que antes para mí era un cliché más: "No hay que encontrarle el sentido a la vida para empezar a vivirla, sino vivir para hallar el sentido". No es que se ande en la búsqueda conscientemente todo el tiempo. Es disfrutando de lo pequeño que las alegrías se van sumando y se es feliz. Como me dijeron en el internado, la felicidad no sólo está en la meta que se alcanza, sino en el camino que se recorre para llegar a ella, y pues la verdad es que lo disfruto mucho. Disfruto estando sola, estoy no sólo conforme sino feliz con las cosas que hago y con quien soy, y creo que eso es algo que no tenía ni cuando salí de Cieneguilla. Pero creo que ya había hablado de eso.

Quiero que este año 2015 sea uno bueno, y sé que eso sólo depende de mí, de la actitud que yo tenga hacia las cosas y lo que yo haga. No me pesa ya ser responsable de mi vida en estos aspectos. Por lo pronto, sé que este 2014 se quedará como uno de los mejores años que he tenido. El resto, ya se verá :) No por nada he aprendido a enfrentarme a cosas que antes no podía. Poco a poco, creo, voy a lograr dejar de pasarla mal con menos cosas :)

Deseo realmente que quienes leen esto encuentren esa luz dentro de sí para poder iluminar su camino y el de quienes les rodean. ¡Que este nuevo año esté lleno de amor, claridad y mucha felicidad para todos nosotros y que encontremos (y sepamos mantener) lo que más bien nos hace!



(A esto me refiero cuando hablo de alguien que quiero desde el fondo de mi corazón)


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sobre la debilidad

Y bueno. Como es Diciembre, fin de año y esas cosas, he decidido que voy a empezar con el análisis del año.

Soy de las mayores en mi trabajo. Sobre mí están las dueñas y algunos coordinadores, padres de familia; mi jefa, que casi no duerme de todo el tiempo que trabaja ahí, y una chica de mi edad que se acaba de casar. Me siguen chicos de menos de 23 años, y niñas de 15.

Creo que está de más explicar el contenido de las conversaciones.

Se han armado un par de parejitas en el elenco además de las ya existentes. Además del tema "trabajo" o "estudios", el tema "amor" es el favorito en las conversaciones grupales. Usualmente no participo porque no tengo mucho qué decir. No me gusta gastar mi voz gritando para que me escuchen en el carro, o aconsejar a chicas que, por lo que puedo ver, terminan dos veces por semana con el enamorado pero se juran amor eterno. Me gusta ser observadora (Quizás peco de pasiva, pero usualmente es mi rol), pero el otro día no pude evitar participar.

Y es que escuché, entre otros muchos comentarios, un "sí, estoy volviendo con la chica con la que había terminado hace un mes, pero se la estoy haciendo larga porque no quiero mostrar debilidad".

¿Debilidad?

Esto es lo que creo, es lo que me ha pasado a mí y lo que les dije a estos chicos: Mostrar tus emociones en ningún contexto significa debilidad. Al contrario, hay que ser valiente para dejarse al descubierto. Ser débil no es cosa de emociones o sentimientos: ser débil es la actitud de dejarse vencer.

Tener la capacidad de sentir y tener preferencia por alguna persona y lo que nos pide no es ser débil. En cambio, dejarse llevar por emociones destructivas y pisotear por alguien a quien queremos, sólo porque lo queremos, eso es ser débil. Este chico, que mencionó lo de la debilidad, estaba siendo molestado por ser un pisado, que hacía lo que ella le pedía, aún así no le gustara. "Bueno, lo hago para evitar problemas con ella, porque sino se molesta y me hace roches. Prefiero llevar la fiesta en paz".

Conozco esa postura. Conozco personas que la tienen o tuvieron. Yo misma la he tenido. Y no es agradable, no, sobre todo cuando ese "llevar la fiesta en paz" incluye dentro de un paréntesis un "a costa mía". Aquí hay dos temas, en realidad: Hasta qué punto se es capaz de soportar cosas de otra persona "por mantener la armonía", y el tema que planteé en un principio. ¿En qué momento hay que tener vergüenza de lo que sentimos, y cuándo lo que sentimos por un ex es real, simple costumbre, o necesidad de estar acompañados?

Sobre la primera cuestión:
Soy experta en mantener la fiesta en paz. De buena manera, porque así es mi carácter y porque muchas veces no me molesta ceder con tal de ver a la otra persona feliz, o esforzarme por lo mismo. De la mala manera también, permitiendo que tomen decisiones por mí y jueguen con mis emociones. No quiero pecar diciendo "yo nunca", pero puedo decir que este año he crecido en ese aspecto porque he descubierto lo que quiero, lo que no, lo que soy capaz de tolerar y perdonar y lo que otra persona debería ser capaz de hacer por mí. Y no es que pida mucho.

Ser pisado no es malo siempre y cuando uno no sólo sea feliz con ello, sino que no se trate de cosas que lo degraden a uno. Por ejemplo, está el hecho de dejar de ver a personas sólo porque la pareja no quiere. Pienso que el simple hecho de que esa situación se presente ya habla de una persona algo conflictiva, celosa/posesiva y, por ende, negativa. El amor no posee, no manda. Uno es libre, y con esa libertad regresa al lado del ser amado. Temer perder a alguien porque ve a una chica bonita (o sale de juerga con los amigos sin parejas) le quita aire a la relación y al final termina cansando.

Las chicas del show pecan de celosas. Son lindas, son talentosas, pero no se valoran, y están detrás del susodicho, lloriqueando cada dos semanas porque hizo tal o cual cosa. Ahora: hablar de relaciones es complicado porque se trata de dos mundos complejos y distintos e implica cierto grado de madurez de ambas partes y bueno, no se puede generalizar en nada; pero creo que hay un patrón, y es que "si sufres en una relación, entonces no es una buena relación". Y no necesariamente por la otra persona, sino porque uno mismo no está preparado y hay cosas en las cuales crecer. Quizás hace falta fortalecer el autoestima y la independencia para lograr apreciar la presencia de otra persona que le sume a tu vida, que apoye, que acepte (no necesariamente que comprenda) y que a pesar de todo decida estar al lado de una. Esa es una de las cosas sobre el amor que creo haber aprendido en este tiempo, porque he estado sola y , justamente, fortaleciendo mi identidad. Estar con alguien no sólo es cuestión de sentimiento, también es una decisión que conlleva ciertas actitudes de respeto, pero siempre respetando la dignidad propia. Porque antes de ser una pareja son dos individuos y hay que quererse. Sino, ¿Qué amor se le va a dar al otro?

Y esto me remonta a algo que aprendí en Cieneguilla: El amor verdadero no te hace sufrir. Quien piensa que parte de estar enamorada implica soportar infidelidades, celos enfermizos, desplantes y desconsideraciones o manipulaciones está recooooooontra mal. El amor por definición excluye todo eso, y aceptarlo evidencia la falta de afecto que uno puede tener y que busca llenar a cualquier costa; es el apego, la necesidad de la compañía de cierta persona y sólo esa persona, la que trae dolor.

Yo soy celosa, pero cero posesiva. Me puede costar dejar ir a largo plazo, pero soy consciente de cuándo hay que cortar algo porque no es adecuado. Me cansé de responsabilizar de mi crecimiento personal a terceros, pero es evidente que con varias situaciones de por medio aprendí a cortar con relaciones insanas que me quitaban energía (mental, emocional, física) y no me aportaban (mental y emocionalmente) nada de valor. ¡Punto para mí!

Por la segunda cuestión: Yo no sé si este chico realmente ama a su ex o lo que sean. Pero lo que dijo me hizo pensar en este asunto: me da pena ver cómo la gente que me rodea aún confunde el hecho de "amar a alguien" con "ser débil". Y es que eso hemos aprendido en esta sociedad machista, materialista, progresista, utilitarista y vacía: "lo que importan son los resultados, da igual cómo lo logres". Una de las enseñanzas más grandes que me dejó Cieneguilla y que es la que estoy teniendo presente últimamente (Porque es algo que a mí también me cuesta) es "disfrutar del camino", hasta que llegue a mi meta. Esa es la razón de mi buen humor: disfrutar el camino es vivir el presente, pero no sólo vivir, sino sentir. Si no se siente no se experimenta plenamente, y por ende, no se aprende. Y yo estoy viva porque quiero aprender, perfeccionarme y dejar algo bueno para los demás, sean mis hijos o mi comunidad. Por eso escribo, porque me gusta dejar huella de mi paso por aquí, y sobre todo, procurar que sea una huella positiva.

Creo que no hay que tenerle miedo a lo que sentimos y mostrarnos tal como somos. Si alguien nos quiere es porque nos conoce, y nos conoce tal como somos, sin máscaras. Cuando uno está en una relación, se supone, está con alguien con quien puede mostrarse tal como es y con la confianza de que va a aceptarlo así sus emociones sean negativas, piense distorsionado y se equivoque, pero siempre con la consigna de acompañarlo a que se corrija y mejore como persona. Esa unión espiritual es la más fuerte de todas y la que yo aspiro volver a tener.

Creo que demostrar "debilidad" por cierta persona no nos hace débiles. Nos hace auténticos con los demás, y honestos con nosotros mismos.

Creo que decir "te quiero", "me gustas", "te extraño" o "eres importante para mí" no deberían ser herramientas para elevar el autoestima de otro, sino para mostrarnos vulnerables, humanos, imperfectos, y aún así, tan dignos de respeto y amor como nuestro objeto de deseo. Debería ser una manera de validarnos a nosotros mismos, de mostrarnos respeto y amor a nuestra propia esencia y naturaleza sensible, no sólo a la existencia de otro.

Estoy en una guerra declarada en contra de las cosas de esta sociedad que creo que están mal, y esta es una de ellas (Aparte de la del acoso callejero, en palabras de mi hermana "ahora soy una piraña y le respondo a quien se meta conmigo"), y pienso batallar por este otro ideal que tengo: el de una sociedad libre de emociones calladas, que siempre terminan pudriéndose y trastornádolo todo, y lo que es peor, generando enfermedades tabúes y malos entendidos que serían fácilmente evitables siendo honestos con uno y transparentes con los demás (por eso me autodenomino Cristal).

¿Por qué me dejé convencer de que era mejor construir un muro a mi alrededor para que nadie se me acerque? ¿En qué momento empecé a tener vergüenza de lo que sentía? ¿Cuándo pensé que querer a alguien que no estaba conmigo era malo? Creo que eso, en parte, es lo que me entristeció tanto todo este tiempo: pensar que era inadecuado. Nop, sentir algo nunca va a ser inadecuado: son las acciones que deriven de esa emoción las que pueden ser inadecuadas. En cierta forma, tener tantas ganas de darle cariño a alguien y no poder hacerlo nos puede desorientar y hasta desesperar. Pero lo mejor no es transformarlo en odio o rencor, o algo mucho peor: orgullo. No. Lo mejor es, como dice mi amada Elsa: dejarlo ir. Decirlo. Dejarlo ser. Seguir amando. Guardarlo intacto en un lugar especial del alma., pero no tratar de eliminarlo. Porque simplemente no se puede. Cansa, pero cansa mucho mas luchar en contra de la corriente. Lo bueno de dejarlo ser es que el amor NUNCA puede traer de regreso rencor ;)

Y es que sentir es estar viva, y estar viva implica felicidad :)

El domingo fue el cumpleaños de Laro, y me invitó a recibirlo con él y sus amigos en un bar. No salté de alegría porque estaba en la movilidad regresando de un evento. ¿Cómo la pasé? Alucinantemente bien. Me reí mucho con la gran amiga que me acompañó, pero me hubiera encantado hablar más con él. Me daba miedo, vergüenza: conozco lo habladores que son sus amigos y no tengo ganas de complicarme con nada que me quite energía como aparentar cosas y eso. Esta situación de retomar contacto con alguien es rara para mí, así que en cada oportunidad estoy con los sentidos bien despiertos, captando información como una maquinita. Estoy un poco ávida de acontecimientos, pero a la vez no tengo nada de prisa (Sobre todo porque vivo para los shows y con las justas como y descanso). Hubo, si, un momento que para mí fue clave: yo estaba volviendo del baño y de casualidad me encontré con él en un pasillo. Ahora lo puedo decir porque ya lo analicé: me reprimí un impulso gigante de abrazarlo. Por poco me abalanzo sobre él de la felicidad. "Felizmente" me contuve, creo, porque no sé cómo lo habría interpretado. A veces hay que comportarse, por consideración con la mente de la otra persona que probablemente no entienda lo que pasa.

Y he aquí el kit de asunto: Nunca me han gustado las cosas sin nombre. Pero empiezo a comprender que hay algunas que requieren, efectivamente, cierta libertad hasta que tomen forma.

Si hay algo que he descubierto en estas semanas es que quiero mucho aún a mi ex. Mucho. No sé de qué manera, pero no puedo evitar sentir algo bonito por él. Creo que en parte es normal porque vamos, ¡es mi ex! ¡Siempre va a haber algo entre él y yo! (Creo que es en parte ese algo lo que hace que mis amigos del show estén terminando y volviendo con sus parejas cada dos por tres). Por otro lado, es algo que me sorprende, porque lo había dado por muerto (O enterrado vivo, que en aras de este asunto es lo mismo), y porque es algo en lo que simplemente no quiero pensar para no complicarme. YO NO QUERIENDO COMPLICARME. Ja.

¡Wait, no, Ja no! ¡Punto para mí!

Bueno. Eso era. No sé qué es, aún no tiene nombre. Lo único que sé es que a mí me hace bien, me trae alegría sentir esto. Fui demasiado feliz a su lado y hoy por hoy no veo la situación con la tristeza de que ya no es así, sino con la alegría de que sucedió. Probablemente él no siente lo mismo y bueno, en realidad, me da igual, porque me basta con que a mí me haga sentir bien. Por eso no se lo digo directamente y más bien permito que lo sepa cuando lea este post ;)

Y ojo, me sorprende que igual puedo querer de una manera similar a otras personas (Como Mr. Red, que está guardadito hasta que sea momento de darle forma también). El corazón no tiene que ser exclusivo de nadie. Mientras más grande, mejor. Eso nos hace fuertes. Y creo que, con todos mis errores y locuras, soy una mujer fuerte. ¡Un punto más para mí! :D

Finalmente: estoy convencida de que hay que dar el ejemplo para poder lograr cambios en esta sociedad. Por eso escribo aquí lo que pienso y siento. Y no tengo vergüenza de que lo sepan los implicados.

Así que los reto a todos ustedes a decir lo que sienten a sus seres queridos (Y no tan queridos) de una manera asertiva, sobre todo ahora que se acerca Navidad y Fin de Año y hay que cerrar capítulos o limar asperezas para empezar bien el próximo año. Se los aseguro: no se van a arrepentir. No lo hagan para conseguir una respuesta o lograr un cambio de actitud de manera inmediata o visible (Como, creo, yo lo estoy haciendo). Tampoco lo hagan para quedar bien con alguien. Háganlo por ustedes, porque no sólo ellos se van a sentir bien: ustedes mismos, aceptando y validando sus propias emociones, van a sentirse más plenos, en paz con el universo, fuertes y agradecidos. Y no por nada dicen que el agradecimiento es la emoción más bonita de todas :)

Yo, por mi parte, estoy agradecida de poder estar viva para poder sentir esta alegría y este amor hacia otras personas :)